Washington Iza


Sin título
Carboncillo sobre papel
1981
23X21 cm


Quito, 1947. Investigó en el grupo "Piru" diseños y colores precolombinos y llegó a un óptico geométrico enraizado en nuestras culturas primitivas. Volvió a la figuración, seducido por las formas y planteos espaciales del colombiano Caballero. Y acabó abriéndose a una neofiguración muy personal, de especial grandeza: figuras de noble hieratismo, en extrañas ceremonias, en anchos espacios traspasados de luz y poblados de símbolos. Grandes telas trabajadas con espléndido oficio.


La niñez de Washington Iza transcurre en El Tejar y San Diego... Introvertido, silencioso, triste, Iza va develando el mundo en sus colores y texturas, en sus luces, sombras y figuraciones. En el mundo de sus compañeros de barrio lo llaman "el dibujante".


Sin título
Tinta sobre papel

28X28 cm, 1985

Avalúo: US$ 500
Su temprana afición por la tauromaquia profundiza su curiosidad por los coloritmos de los carteles de toros, fraguándose en él una intensa fascinación por la fiesta brava. Ingresa a la Escuela de Bellas Artes. Su primera intención fue trabajar un cuadro al óleo, pero el sistema vigente no le permite debía aprobar tres años para hacerlo. Descubre entonces el papel de empaque "Kraft" de grandes dimensiones y salen de sus manos estupendos bodegones, desnudos, yesos, cartuchos. En esta etapa su formación es rigurosa. Asimila teorías y técnicas que le servirán para su oficio de pintor.
Diógenes Paredes, el memorable "Monstruo", conmina a sus alumnos a que "vean" los violetas, naranjas, azules, rosados en la superficie ovalada de un zapallo que funge de modelo sobre una mesa. Iza había descubierto lo subjetivo de una realidad impregnada de matices. Y por esos tiempos también estallaría la presencia de Manuel Viola, el inolvidable maestro español, junto a los jóvenes pintores, departiendo especialmente su intimidad creadora con Iza, Román, Jácome y Unda. Identificados por ideas y sueños y una entrañable bohemia, se juntan los cuatro e impulsan la neofiguración. Se los conoce como "Los mosqueteros".
La primera bienal de Quito les da la razón. En ella se aglutinan numerosos neofigurativos. Ya no están solos. Se consolidan. Se nutren. El ambiente se oxigena con las nuevas propuestas. Se recopila el trabajo serio, vigoroso, profundo. Lo demás se desecha. Admiran a los del Grupo Van con su antibienal, intransigente, rebelde, antiindigenista, experimental, neofigurativa. Sin embargo, el tiempo pasa. Los cuatro arman la resistencia a las grandes bienales internacionalistas. Forman entonces el Antisalón, frente al del Municipio de Guayaquil.
Iza se separa del grupo para dedicarse a descifrar los diseños precolombinos. Expone en Cuba, Berlín, Cali, Lima. Encara el grabado y gana el premio que le llevará a París. Se prende del Goya negro, abismal, mistérico. Inconforme, iconoclasta, serio, pinta hasta la fatiga.

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